Tu vida no te pertenece
“Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes” (Romanos 12:1, NBLA). Pablo escribe esto después de once capítulos explicando la obra de Dios: justificación, gracia, redención, misericordia inmerecida. No empieza con exigencias, empieza con lo que Dios ya hizo. Y entonces lanza el llamado: “presenten”. En griego (paristēmi) es colocar algo a disposición de otro, entregarlo formalmente. No es emoción momentánea; es una decisión consciente de rendir tu vida entera. Y el lenguaje es fuerte: sacrificio. No parcial, no temporal, no cómodo. Total. El principio doctrinal es claro: la respuesta correcta al evangelio es rendición completa. No partes de tu vida, no áreas seleccionadas. Todo. Tu cuerpo, tus decisiones, tu tiempo, tu carácter. Ya no vives bajo tu propio mando. El sacrificio en el Antiguo Testamento moría una vez. Aquí es “vivo”: mueres a tu voluntad todos l...